miércoles, 29 de enero de 2014

Una máscara derretida como barro a la lluvia se vierte sobre mí, así sucede en la vereda húmeda por el cielo: somos dos derritiéndonos, yo por el sueño, la tierra por el agua. Las flores beben el elixir tras haber estado al borde de marchitar, al borde de amustiarse; descubrí una nueva palabra, sólo se halla en diccionarios de sinónimos y antónimos, en los que contienen definiciones no, eso me llama poderosamente la atención , aunque el modo en que mis ojos no cesan de caer me atrae más, como si estos párpados contuvieran vida propia y realmente pareciera no gustarles, caen en un letargo incesante que sofoca hasta mis neuronas aún adormecidas, que a pesar de estarlo pueden imaginarte tendido en el placer de tu colchón, del canto seseoso del cielo, del ventilador acariciando tus más íntimas sensaciones del ensueño, aún puedo imaginar las gotas brotando por la ventana color amarillo Sol, contrastada con un gris de rayos y truenos, lluvia curiosa que asoma a observar tu mandíbula estallando en crudos rechinares del bruxismo...y yo, acá a lo lejos, deseando que alguna gota penetre nuestra cueva y te bese con locura, como lo haría en este momento, y después vivir, dormir las ilusiones y vivir en el encuentro con la voluntad.

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